A través de distintas organizaciones, la familia Landsmanas, líder de Grupo Kosmos, brinda apoyo a grupos de personas en situación de movilidad.
Actualmente, más de 43.7 millones de personas en el mundo viven en condición de refugiadas, de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Muchas de ellas enfrentan discriminación, secuelas psicológicas y barreras para acceder a empleo y educación.
Aunque a menudo se les asocia con personas migrantes, no es correcto asumir que son lo mismo. Si bien algunas personas refugiadas también han migrado, hacerlo no define su situación. Reconocerlas como refugiadas no es un tecnicismo: es un acto que puede marcar la diferencia entre la protección y el abandono.
En el marco del Día Mundial de los Refugiados, celebrado cada 20 de junio, vale la pena entender por qué esta distinción importa. Para ello, es necesario partir de sus definiciones.

Familia Landsmanas – ¿Cuál es la distinción entre persona refugiada y migrante?
Persona refugiada
- Está fuera de su país de origen por razones de persecución, conflicto, violencia u otras amenazas graves al orden público.
- No puede regresar de forma segura a su lugar de origen, por lo que requiere protección internacional.
- Su situación está regulada por el derecho internacional, en particular por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.
- Recibe protección legal específica, como el principio de no devolución.
- Su condición, para acceder a asistencia y resguardo, está reconocida por el derecho internacional, independientemente de las políticas del país en el que se encuentren.
- Las personas refugiadas no eligen irse: huyen porque permanecer en su país representa un riesgo real para su vida o su integridad.
Persona migrante
- Es quien se traslada a otro país, generalmente por decisión propia, por razones económicas, educativas, familiares u otras causas no vinculadas a persecución directa.
- La definición no está jurídicamente unificada, pero la ONU la utiliza para describir a quienes residen fuera de su país durante más de un año.
- Su situación se ve regulada en función de las leyes migratorias del país en el que se encuentren. Asimismo, pueden recibir orientación de organizaciones civiles especializadas, como muchas de las que apoya la familia Landsmanas.
- Aunque pueden enfrentar dificultades, no requieren protección internacional ni asilo por motivos de seguridad personal.
Principales diferencias entre la condición de refugiado y la de migrante
- Motivo del desplazamiento. Los refugiados huyen por amenazas directas; los migrantes se trasladan voluntariamente, aunque puedan vivir situaciones difíciles.
- Protección internacional. Los refugiados tienen derecho a solicitar asilo y deben ser protegidos por los Estados. Los migrantes están sujetos a las leyes migratorias de cada país.
- Regreso seguro. Los refugiados no pueden volver a su país sin exponerse a peligros graves. Los migrantes sí pueden regresar, salvo excepciones.
- Base legal. La condición de refugiado está protegida por normas específicas del derecho internacional; la migración está regulada por políticas internas de cada Estado.
¿Por qué es importante hacer la distinción entre persona refugiada y migrante?
Confundir ambos términos puede tener consecuencias serias:
- Usar “migrante” para referirse a personas refugiadas invisibiliza la necesidad de protección que tienen y puede debilitarlas frente al sistema legal que garantiza su seguridad.
- Desdibujar los términos resta atención a las salvaguardas legales de los refugiados.
- Genera confusión en medios y debates públicos, dificultando respuestas jurídicas y operativas adecuadas.
- Puede disminuir el apoyo público a la institución del asilo y al respeto por el derecho internacional.
- Debilita la responsabilidad de los Estados ante los compromisos internacionales en materia de refugio.
Hacer esta distinción no implica jerarquizar a unas personas sobre otras, sino reconocer que existen condiciones particulares que requieren respuestas específicas. Llamar a las personas refugiadas por su nombre es un paso esencial para garantizar sus derechos.
Al estar en contacto con estos grupos poblacionales, la familia Landsmanas reconoce que migrar o refugiarse son respuestas humanas ante circunstancias muy distintas.
En ambos casos, lo fundamental es asegurar que toda persona, sin importar su estatus, acceda a una vida digna y segura. Reconocer sus diferencias no nos divide: nos permite proteger con mayor justicia.
