Actualmente, dentro de la industria alimentaria, la adopción de prácticas sostenibles no solo responde a una exigencia global, sino que posiciona a las empresas como actores clave en la construcción de sistemas alimentarios responsables.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el hombre se relaciona con los alimentos.
Ante esto, resulta necesario implementar acciones que reduzcan emisiones a lo largo de toda la cadena alimentaria.
La organización señala que casi mil millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, lo que genera el 8 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Por ello, una de las estrategias más efectivas es la reducción del desperdicio. A esta se suman medidas de eficiencia energética, así como optimización y monitoreo de procesos son esenciales.

Consciente de su responsabilidad, la empresa de servicios alimentarios integrales La Cosmopolitana, de Jack Landsmanas, ha desarrollado estrategias en esta materia.
Entre ellas se encuentran estudios periódicos para corregir desviaciones en emisiones de CO₂; la implementación de tecnologías que no dependen de combustibles fósiles —como paneles solares y montacargas eléctricos—; y una estrategia integral para minimizar la pérdida y desperdicio alimentario mediante inventarios eficientes, gastronomía de aprovechamiento y donaciones a bancos de alimentos.
Además de reducir emisiones, expertos de la Climate and Clean Air Coalition señalan que acciones como estas mejoran la rentabilidad, productividad y resiliencia de los sistemas.
Adoptar este enfoque es clave para transitar hacia una producción de alimentos sostenible para el planeta, donde cada decisión operativa contribuya a proteger el entorno y garantizar el bienestar de las generaciones futuras.
