Con un fuerte compromiso de responsabilidad empresarial, los líderes del grupo de servicios alimentarios Corporativo Kosmos, Jorge, Elías y Jack de la familia Landsmanas, llevan a cabo diversas acciones que impulsan la soberanía alimentaria nacional.
En un escenario marcado por la interdependencia económica y la volatilidad de los precios de los alimentos, garantizar la soberanía alimentaria se ha convertido en un objetivo estratégico para comunidades y países.
Sin embargo, el fenómeno de la globalización puede impactar significativamente los factores necesarios para alcanzar este propósito.
Aunque ofrece ventajas —como mayor diversidad de productos y acceso a mercados internacionales— también genera tensiones respecto a la capacidad de los países para mantener el control sobre sus sistemas alimentarios y asegurar alimentos de calidad para su población.
En este artículo exploramos esta cuestión. Pero antes, ¿qué entendemos por soberanía alimentaria y por globalización?

Familia Landsmanas – Soberanía alimentaria y globalización: ¿qué implican?
La organización ambiental Amigos de la Tierra define la soberanía alimentaria como el derecho de los pueblos a acceder a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos socialmente justos y ecológicamente sostenibles.
Asimismo, implica el derecho colectivo a definir políticas, estrategias y sistemas propios para la producción, distribución y consumo de alimentos.
Por su parte, la globalización se caracteriza por una interrelación cada vez mayor entre economías y sociedades a escala global.
Desafíos para la soberanía alimentaria derivados de la globalización
La globalización introduce dinámicas que pueden debilitar la autonomía alimentaria de los Estados y las comunidades. Entre los principales desafíos se encuentran:
- Dependencia de los mercados internacionales. La necesidad de importar alimentos expone a los países a fluctuaciones abruptas de precios, provocadas por cambios en la oferta y la demanda global, fenómenos climáticos extremos o conflictos geopolíticos.
- Concentración de poder en corporaciones agroalimentarias. Las multinacionales ejercen influencia en toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta la comercialización. Sus estrategias comerciales no siempre priorizan la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental o la equidad social, lo que reduce el margen de decisión de los productores locales.
- Impacto en la agricultura local. La competencia con productos importados de menor costo puede generar dificultades económicas para agricultores nacionales, debilitando economías rurales y desincentivando la producción local. Conscientes de ello, el 94 % de los proveedores de las empresas de la familia Landsmanas son productores locales.
- Homogeneización de la dieta. La expansión de alimentos industrializados promueve patrones de consumo estandarizados, que pueden desplazar dietas tradicionales basadas en productos locales y culturalmente significativos.
- Erosión de la diversidad biocultural. La difusión de monocultivos y métodos agrícolas uniformes contribuye a la pérdida de variedades locales y de conocimientos tradicionales. Esta erosión limita la capacidad de adaptación a condiciones climáticas específicas y a los desafíos del cambio climático.
- Presión sobre los recursos naturales. La intensificación agrícola orientada al comercio global incrementa la demanda de tierra y agua, favoreciendo modelos productivos de gran escala que pueden degradar ecosistemas.
- Regulación insuficiente. La circulación transfronteriza de alimentos dificulta la supervisión de estándares de calidad e inocuidad, lo que complica la aplicación efectiva de normativas nacionales.
En conjunto, estos factores pueden disminuir la capacidad de los pueblos para ejercer control sobre sus sistemas alimentarios y garantizar una seguridad alimentaria sostenible.
Resulta evidente que la globalización ha transformado profundamente los sistemas alimentarios, ampliando el acceso a productos y mercados, pero también planteando desafíos estructurales para la soberanía alimentaria.
La dependencia externa, la concentración corporativa y la homogeneización productiva evidencian tensiones entre eficiencia económica y autonomía local.
Fortalecer la soberanía alimentaria en un contexto globalizado requiere políticas públicas sólidas, apoyo a la producción local, protección de la diversidad biocultural y marcos regulatorios eficaces.
Solo mediante un equilibrio entre integración internacional y control local será posible garantizar sistemas alimentarios resilientes, justos y sostenibles para las generaciones presentes y futuras.
El papel que juega el sector privado en materia de soberanía alimentaria cobra especial relevancia en el contexto crítico actual. A través de su brazo filantrópico, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), la familia Landsmanas promueve el acceso equitativo a alimentos para personas en situación de vulnerabilidad.
